Aunque generalmente cuando escuchamos hablar de «blockchain» se vincula esta tecnología con las criptomonedas, especialmente el Bitcoin, la verdad es que la cadena de bloques se puede usar en otros problemas y en otros sectores de la economía y la producción.

Al contrario de lo que solemos pensar quienes no somos programadores, la tecnología blockchain no es una simple base de datos, es un conjunto de tecnologías que permiten la transferencia de un valor o activo de un lugar a otro, sin intervención de terceros. Y por valor o activo me refiero a dinero o por ejemplo, una firma.

Acá es donde aparece un modelo que los misioneros conocemos bien, el del consenso. La tecnología blockchain propone un nuevo modelo en el que la autenticidad no la verifica un tercero, sino la red de computadoras conectadas a Internet que participan en blockchain. Por eso ninguna transferencia de valor se efectúa por medio de un intermediario. La clave de esta tecnología es el consenso: si todos tenemos la misma información, esa información es verdad.

¿Cómo funciona?

Como su nombre lo indica, blockchain, es el resultado de unir dos palabras en inglés: bloques y cadena. Es eso, una cadena de bloques, los cuales contienen información codificada de una operación realizada en la red. Y, al estar entrelazados (de ahí la palabra cadena), permiten la transferencia de datos de forma segura. Imaginate el libro contable de un aserradero, por ejemplo, donde se registran todas las entradas y salidas de dinero por ejemplo.

Lo novedoso es que esa transferencia de valor no exige que un tercero que certifique la información, como por ejemplo pasa con tu DNI, que si no lo emitió el Estado Nacional no sirve, porque sería «trucho». Con blockchain, la información está distribuida en múltiples nodos independientes e iguales entre sí que la examinan y la validan sin necesidad de que se conozcan entre ellos. Una vez cargada la información no se puede eliminar, sólo se puede agregar información nueva.

La tecnología blockchain ya modificó un montón de sectores económicos, científicos y de otros ámbitos. Se puede realizar la trazabilidad de los alimentos, de la madera, del agua, se pueden intercambiar bienes y servicios como por ejemplo energía eléctrica por criptomonedas. Pero un uso que vamos a ver cada vez más es el de los contratos inteligentes y las DApps (aplicaciones descentralizadas). Los contratos inteligentes permiten por ejemplo que un trabajador firme en Andresito un contrato con un empleador de Oberá sin tener que viajar y con un documento válido, a un costo muy bajo y de forma segura.

Los misioneros y misioneras tenemos experiencia sobrada en ser vanguardia cuando del entrecruzamiento de la tecnología y las políticas públicas hablamos, ¿qué otros usos creés que podemos encontrarle a la tecnología blockchain para Misiones?