Wado no es tartamudo, tiene una cicatriz de terror en la palabra desde el día que escondido por su mamá en una bañera, escuchó las balas que la destrozaron, a ella, a su hijo que llevaba en su vientre, y a su compañero de entonces; balas iguales a las que antes mataron a su papá.
Después se lo llevaron los milicos. Dió tantas vueltas que su identidad era insegura. Insegura como esas palabras que a veces le costaba pronunciar, tal vez porque inconscientemente no quería que un don tan preciado y necesario se percudiera con el rencor.
Es verdad que a veces Wado se queda colgado de una consonante, pero sin embargo lo que quiere decir es tan claro que hasta molesta a muchos miserables que hoy salen por los medios de comunicación y se arrodillan por guita ante los poderes cuyos sicarios lo dejaron así.
Los que tuvieron hijos este último tiempo verán en un rinconcito de su DNI una firma, si la de Wado. Esa firma es la del bebé en la bañera, el que no recuerda a sus padres porque los asesinaron antes de tener memoria, el que perdió la identidad y el habla.
Porque Wado creció tanto desde entonces que no solo volvió a hablar y a decir verdades, también fue hasta hoy el que legalizó con su firma la identidad de todos los Argentinos y Argentinas.
Entre tanto gil, imbécil, traidor que habla de corrido, siempre del lado Wado de la vida.
Del muro de Viralizando la Verdad.
