Desde cada rincón de la Argentina se viralizan noticias de los Therian, personas que se identifican con rasgos de animales y se comportan como tal en ciertos contextos. Curioso que justo se haya viralizado en medio de las protestas por la desastrosa reforma laboral que allá se está llevando a cabo. Al final, parece que tomar a un grupúsculo ínfimo de personas y, vía algoritimo digital, repetir lo que hacen hasta el infinito en todos lados genera una sensación de urgencia y catástrofe más agradable que la violencia estructural de un sistema despiadado. Pero en fin, qué sabe un psicólogo de esas cosas.
La verdad es que psicóticos, locos, ha habido siempre. Que históricamente mis colegas de la salud mental los hayan rechazado y reprimido violentamente, metiéndoles punzones por el ojo para dividirles el cerebro, dándoles corriente en la vagina, encerrándolos en psiquiátricos de por vida y/o drogándolos hasta convertirlos en zombies, no quiere decir que no hayan existido. La diferencia es que ahora, gracias al mismo algoritmo, es más fácil verlos.
Hemos sido terribles con la locura, todo profesional medianamente decente de la salud mental debiese saberlo y pensar en eso antes de condenar y diagnosticar a raja tabla como psicóticos, enfermos o locos a todas las personas que se autodenominen Therians. Un mínimo minimísimo de humildad, respeto humano y responsabilidad no nos vendría mal. Sin embargo he visto decenas de comentarios de colegas «asustados por la salud mental» de estas personas, alarmando a madres, padres y colegios y entregando supuestas recetas para evitarlo.
Personalmente no creo que todas esas personas disfrazadas de perro o lobo sean locas. Probablemente la mayoría está ahí más por una moda pasajera, o porque realmente les gusta jugar un rato a eso, o por la natural necesidad de formar parte de algún grupo, que por algún trastorno mental. Luego madurarán y pasarán a otra cosa. Todos en la adolescencia pasamos por alguna identificación de ese tipo y crecimos marcados por esa experiencia, para bien y para mal. Así que de entrada todo bien, hay que tomarse lo Therian con calma y tratar de escuchar qué de nosotros dice ese pequeño fenómeno, en vez de andar juzgando personas en abstracto.
Cuando hacemos ese ejercicio básico (pensar) lo que aparece, mucho antes que supuestos cuadros psicóticos diagnosticados a través de un viral de redes sociales, es un sistema económico (neoliberal) que lleva décadas esmerándose en adoctrinarnos en un individualismo extremo, bajo la idea de que cualquier cosa que se me ocurra, por más absurda que sea, es válida: y ofreciendo un mercado para que la desarrolle.
Si pueden vender disfraces de perros y lobos, marquetear un concepto alrededor de eso que incluya convenciones, monos animados, series de televisión, juegos de play, películas, etcétera: «QUE SE CREAN PERROS ! Da lo mismo lo que pase, no importa, tu vende no más, vende». Si pueden, incluso, vender el «derecho» a aullar como lobo lo van a hacer, que no les quepa duda, y no les va a importar en absoluto si algunas de las personas absorbidas por ese mercado están sufriendo y se dañan o hacen daño.
Pedirle después a nuestra juventud que no agarre eso y se comporte en coherencia, y tildarlos a todos de «enfermos mentales», es de una hipocresía supina que oculta, una vez más, el eterno maltrato a la infancia. Porque el neoliberalismo es, al final, la psicosis vuelta normalidad.
