Manuel -el garca servil- resistía. Hasta había vuelto una mañana al atril con su prepotencia habitual y la locomotora de humo: «el presidente Javier y este, el mejor gobierno de la historia…» Ya era tarde, nadie compraba sus buenas noticias, y hasta Santiago Caputo acababa de ventilar las pocas «pericias» fraudulentas del Deslomado que quedaban por ver la luz. Con la voz quebrada del gobierno nacional tras la huida de su principal gladiador mediático, los escándalos de corrupción emergen en un tsunami que arrasa por cada minuto a más familias argentinas. La tiranía del tiranito ya fue. Deberá rendir cuentas y no podrá seguir burlándose de quienes se quedan sin empleo. Falta menos.
El propio Manuel «Ladrorni» lo profetizó. FIN.
