La venta informal de frontera, que las autoridades policiales califican de ilegal y la población “de rebusque”, crece en la mayoría de las ciudades que limitan con Brasil y Paraguay, ya que la Argentina es, por estos tiempos, un país muy barato, gracias al cambio, o mejor dicho: al poco valor del peso argentino.
“Acá en San Antonio, mientras no se abra la frontera, la venta ilegal no solo de combustible crecerá día a día”, dijo el presidente de la Cámara de Comercio de la localidad que limita con Santo Antonio, Brasil, Miguel Ángel Silva Dicco, en consonancia con el presidente de la Cámara de Comercio de Bernardo de Irigoyen, el estacionero Walter Feldman, que asegura que la venta informal de combustible comenzó de nuevo, después que la Gendarmería Nacional “limpió” las calles de esta ciudad, ante la proliferación de puestitos de ventas de combustible en botellas plásticas de jugos y gaseosas o bidones chicos. Esos vendedores argentinos que buscan hacer una diferencia entre lo que pagan por el combustible y lo que venden, se mudaron al país vecino, incluso con entrega domiciliaria, según cuenta una comerciante de Bernardo de Irigoyen.
En Eldorado también confirman la venta de combustible en bidones de 5 y 10 litros, que los cruzan en lancha a Paraguay. “Cómo el paso fronterizo está cerrado, mucha gente cruza en forma clandestina y compra nafta a automovilistas que tienen sus tanques llenos y se la venden a 140 o 150 pesos por litros”, admite Manuel W., empleado de una estación de servicio que conoce del tema. “Nosotros tenemos prohibido vender nafta en bidones, a lo sumo podemos vender hasta 5 litros para algún automovilista que se quedó sin combustible o necesita para hacer funcionar, por ejemplo, una motosierra”, dice.

En San Antonio
Desde la Cámara de Comercio de San Antonio, Silva Dicco, pidió que el Gobierno nacional reabra el paso fronterizo, ya que “así bajará el comercio ilegal” que traslada combustibles (naftas y gas), vinos y mercaderías, porque la gente “trata de hacer su negocio”.
Entiende que esa venta clandestina –que de todas maneras favorece al comercio argentino- nop se puede detener porque los gendarmes “están abocados a la custodia fronteriza, a la altura de Bernardo de Irigoyen”.
Mercedes, una comerciante de la localidad, admite que vende mercadería que va a Brasil de manera clandestina: “no voy a dejar de vender; necesito vivir y los brasileros traen reales que se cotizan a 35 pesos para la venta”, dijo.

En Bernardo de Irigoyen
La situación de frontera es similar en las ciudades limítrofes. De todas maneras, en Bernardo de Irigoyen la situación está un poco más controlada, dicen desde la Cámara de Comercio local. “Hasta la semana pasada la venta de combustible ilegal se acentuaba día a día; hoy sigue pero está un poco más controlada, aunque Gendarmería no pueden controlar todo”, dice Walter Feldman.
En la localidad, principal punto de salida hacia las playas de Brasil, la venta informal es de combustibles, garrafas, vinos, y mercaderías, que los brasileños consiguen acá a muy bajo precio. Una garrafa de 10 kilos de gas la venden hasta en mil pesos porque en Dionisio Cerqueira -Brasil-les cuesta, según el cambio, entre 2.500 y 3.000 pesos.
Ese pase hormiga lo hacen los misioneros pero también los comerciantes fronterizos de Brasil, que cruzan a diario, a veces en familia, y adquieren cuatro o cinco garrafas para venderlas en sus comercios.
Como la venta de combustible en bidones está prohibida, los brasileños cargan los tanques de sus vehículos y traspasan después ese combustible a bidones o envases pequeños, para venderlos al menudeo. “Compran a cien pesos el litro y lo venden a 150 pesos”, dijo Feldman.

En plena frontera, del lado brasilero

La semana pasada, la Gendarmería argentina “levantó” los puestos callejeros de calles y veredas que limitan, frontera seca mediante, con Dionisio Cerqueira. Esa acción, los llevó a desplazarse unos pocos metros y se instalaron en la vereda de enfrente, pero ya del lado brasileño, donde la Gendarmería no puede actuar.
En declaraciones a medios locales, el intendente de Bernardo de Irigoyen, Guillermo Fernández dijo que “el municipio no se opone a que la gente trabaje” aunque advirtió que “el producto que estaba a la venta es peligroso y explosivo. Entonces tiene que tener su cuidado, tiene que tener un lugar como una estación de servicio, tiene que ser un transporte apto”, aconsejó.
“El Municipio recibió una orden que vino desde arriba –no especificó de quién– para trabajar en conjunto con Gendarmería, Policía provincial, Tránsito Municipal, el Juzgado de Faltas, para poner orden porque no eran solo gente de Irigoyen, sino que estaban viniendo a vender, trayendo combustibles de afuera, de Eldorado y San Pedro, y se volvió un negocio”, admitió.
En esa ciudad, el intendente Fernández reveló que las estaciones de servicios fueron comunicadas de la Resolución de la Secretaría de Energía y Minería de la Nación, que advierte sobre la prohibición de vender en bidones no aptos. Además, las personas que tenían los puestos informales en la frontera, fueron retiradas del lugar. “No se puede, es ilegal; es peligroso tener (el combustible expuesto) a altas temperaturas; es ilegal transportar en un auto que no es apto; es ilegal estar en la frontera, que es un cordón donde trabaja la Gendarmería. Les pidieron por favor que se retiren de ahora en adelante; fue un aviso. Hay controles fijos donde secuestrarán el combustible y serán multados; también se le mandó una nota con una comunicación del Concejo Deliberante a cada estación de servicio”, explicó.
De todas maneras, Feldman aseguró que “no se vende combustible en bidones; nosotros cargamos en los tanques de los vehículos; después ya no es nuestra responsabilidad”.

De Eldorado a Paraguay
“La gente está cargando combustible en sus vehículos; lo pasa a bidones y luego los cruza a Paraguay para vender el producto a unos 50 pesos más por litro”, dice Pablo, expendedor de una de las estaciones de servicio de Eldorado.
La práctica: llenar en las estaciones de Eldorado y descargar en bidones en alguna calle vecinal o descampado. Ese combustible, en bidones, cruza en lanchas paraguayas hacia las localidades paraguayas de Mayor Otaño y Carlos Antonio López. Esos mismos autos, vuelven a cargar a las estaciones, un par de horas después, para reiniciar el traspaso y el traslado.
Lo dicho: los vendedores “hormigas” comprar el combustible a cien pesos el litro y lo venden a 150 pesos. En algunos casos llegan a cargar hasta tres tanques por día, es decir, entre 90 y 100 litros por día, por auto. “Ya sé que es peligroso, pero me quedé casi sin trabajo y tengo que darle de comer a mi familia”, dice un remisero que encontró una salida laboral con esta práctica de venta informal que le reporta unos 4500 pesos de ganancia diaria.
Otra persona de Eldorado admite que hace “este ‘trabajo’ dos veces al día. Lleno unos 30 litros por viaje. Sé que es arriesgado, pero no hay mucho trabajo”, dice.

Contraataque paraguayo

El ministro paraguayo de la Unidad Interinstitucional para la Prevención, Combate y Represión del Contrabando, Emilio Fuster, dijo en Radio AM 650 de Asunción, que intervinieron porque están al tanto de esta irregularidad, donde reaparecieron los vendedores informales de combustible traído ilegalmente de Argentina. Por estos días, “Paraguay experimenta la mayor suba de combustible de su historia mientras que en el vecino país (Argentina) el precio de los carburantes está muy bajo. Esto contribuye a la expansión de este tipo de negocio”, dijo.
El funcionario dijo que a partir de la intervención, por pocos días desaparecieron los vendedores ambulantes de combustible “pero ahora, penosamente, volvieron y vamos a contraatacar con todo porque no está permitido vender productos ilegales”, dijo para admitir que la diferencia del precio del combustible hace de esto un negocio atractivo.
Como se trata de una infracción aduanera, pueden incautar el producto, dijo el funcionario que entiende que para subsanar el problema dependen de Argentina y Brasil, “atendiendo a que la devaluación de sus monedas seduce a los contrabandistas” y admitió una realidad de las tres fronteras: el contrabando está socialmente aceptado y termina permeando, generando así una fórmula ideal para la proliferación del mismo.
“Vemos camionetas lujosas que compran combustible ilegal. Estamos trabajando para dar con financistas del contrabando, para cortar el oxígeno y no ver más al último eslabón que vende los productos en la calle”, prometió.
Según el diario paraguayo La Nación, el incremento del precio del combustible y la nula intervención de las instituciones que deberían luchar contra el contrabando fueron propicios para la compra “irregular” de combustible con precios que giran en torno a los G. 5.000 el precio del diésel y entre G. 5.500 a G. 6.000 el precio de la nafta, los vendedores reciben diariamente a una incontable cantidad de motocicletas y vehículos, incluso de alta gama, que llegan hasta sus puestos y reciben la carga de combustible en bidones de cinco y veinte litros.
La alta demanda hace que alrededor del mediodía ya no quede ni una gota de combustibles; algunos vendedores reponen su stock, mientras que otros prometen que contarán recién con combustible al día siguiente y hasta reciben pedidos de cientos de litros, incluso para llenar el tanque de un camión de 800 litros.
“Podemos mandar a traer de allá (de Argentina) si te gusta. Tengo que ir a preguntar al puerto porque ellos traen de seguido. No sé cuándo voy a tener porque nosotros no traemos. El gasoil te va a salir a G. 5.000 y la nafta a G. 6.000 el litro, hasta ahí te puedo hacer porque nosotros gastamos mucho para hacer pasar, tenemos que pagar fletero, el bote, y ahí se gasta más, G. 4.500 por ahí me sale; G. 500 lo que va a ser mi ganancia”, dijo uno de los vendedores al diario cuando fue consultado si tendría stock para llenar un camión de gran porte, ya que ellos hacen ingresar el insumo “pagando y con estrategia”.

AFS y redacción central – Misiones Plural