POR NORBERTO GALASSO

El viaje de Eva a España se extendió hasta el 26 de julio de 1947, fecha en la que dio un discurso de despedida bastante fuerte:

“Este homenaje de colosales proporciones, sería exagerado e inexplicable si hubiera sido tributado a una mujer. Pero no; no ha sido rendido tan sólo a una persona, ni siquiera a un país. Esta apoteosis entraña un sentido más recóndito y abismal. Vuestro aplauso saluda al mundo nuevo, promisor de justicia y de paz, que nace de los escombros del antigüo, carcomido por los atropellos sociales.

Quienes en Europa y en América no alcanzan a comprender la profunda revolución de esta hora, atribuirán a un fenómeno de psicología multitudinaria o a una sugestión colectiva el homenaje delirante del pueblo español, señorial como ninguno, a una sencilla mujer argentina, nacida en el seno de las clases trabajadoras, y alzada por ellas a la suprema cima espiritual de la República.

Recojo vuestro aplauso porque revela a las claras el hambre de justicia social arraigado en el pueblo hispánico y el ansia incontenida de sostener el nuevo mundo de pan y de paz, por cuyo afianzamiento luchamos los españoles y los argentinos.

No habéis vitoreado algo intrascendente, sino un amanecer de esperanzas y de luminosidad que se alza rutilante como un sol en el horizonte de la hispanidad.

Recojo vuestro clamoreo apoteósico porque en mí no se ha glorificado a una mujer, sino a la mujer popular, hasta ahora siempre sojuzgada, siempre excluida y siempre censurada. Os habéis exaltado a vosotras mismas, trabajadoras españolas, quienes reclamáis con todo derecho que no vuelva jamás a implantarse la vieja sociedad en la que unos seres, por el mérito de haber nacido en la opulencia, gozaban de todas las inmunidades; y otros seres, por el pecado de haber nacido en la pobreza, habían de padecer todas las obligaciones. El oscuro linaje y la pobreza no opondrán ya jamás barreras a nadie para que pueda lograr el desarrollo de sus aspiraciones y el triunfo de sus ideales.”

Cuando concluyó el discurso de despedida, y según evocó un periodista allí presente, Eva se permitió un guiño de picardía con Franco: “Oiga, cuando quiera volver a juntar tanta gente, mándeme a llamar”, le dijo con un leve toque de su codo en el brazo.

Otro periodista recordó un diálogo que mantuvo con una modista madrileña, muy modesta, que también había escuchado las palabras de Evita: “Ella hablaba y nos decía a las mujeres que debíamos liberarnos. Franco le tiraba de la falda, quería que se sentara, que no siguiera hablando. Franco estaba nervioso y reconocible. Era en 1947, ¿usted sabe lo que era España en 1947? Yo veía a esa virgen rubia hablando como los dioses predicando libertad en la España de 1947. Sentí un escalofrío que me paralizó todo el cuerpo. Cerré los ojos y comencé a rezar. ¿Qué pensé en esos momentos? lo único que podía pensar: que Franco la iba a fusilar.”

Después de España, Eva llegó a Italia y pasó por el Vaticano. En Italia se encontró con manifestaciones, lo que hoy serían escraches, realizados por un Partido Comunista que se había informado a partir de la mirada del dirigente Victorio Codovilla y su consideración del peronismo como un fascismo que engañaba a la gente.

Ilustracin Osvaldo Rvora

Ilustración: Osvaldo Révora

El próximo destino fue el Vaticano, donde en aquellos años no era muy común conseguir una audiencia con el Papa. Eva se informó que el encuentro iba a ser bastante breve y acompañada por Alberto Dodero, un empresario del transporte que era amigo de Perón, dio la siguiente instrucción: “A nosotros no nos va a joder el Papa. Usted lleve dos cheques, si cuando salgo yo le digo ´excelente´, le da el cheque de mayor importe; si cuando salgo de la reunión con el Papa yo le digo ´bien´, usted le da el mínimo que corresponde”.
La audiencia estuvo rodeada de todas las cuestiones típicas de la jerarquía eclesiástica.

– “¿Es cierto que está casada con Perón? ¿Es un matrimonio legal o es un concubinato?”, preguntó el secretario del Papa a un miembro de la comitiva de Evita.

– “Pero, ¿usted no tiene un nuncio en Buenos Aires? ¿No le informó que pocos días después del 17 de octubre Perón y Eva se casaron por Iglesia?”, intervino el padre Benítez.

– “Bueno, está bien, ¿pero ella es hija extramatrimonial?”, insistió el secretario papal.

Benítez estuvo a punto de explotar, pero les dijo que Evita era una santa y reivindicó su papel en la defensa de las mujeres y los trabajadores.

Después, la comitiva pasó brevemente por Portugal y luego se dirigió a Francia, donde tuvo un encuentro especial con un sacerdote de expresión casi campesina. Se trataba del obispo de París Ángelo Roncalli, quien luego se convertiría en el Papa Juan XXIII y provocaría grandes cambios en la Iglesia respecto a las teorías de la liberación, los curas del Tercer Mundo y los sacerdotes obreros.

Lo concreto fue que Roncalli sabía de las acciones populares que impulsaba Evita, por lo que se le acercó y le dijo: “Usted ha elegido el camino de luchar junto a los pobres como Jesucristo. Siga por ese camino, pero ese camino es duro, es un camino que lleva a la cruz.”

Es decir, todas las infamias que se hicieron con Evita hasta el secuestro de su cadáver, en cierto sentido estuvieron previstas en aquellas palabras de Juan XXIII, sin dudas la expresión más importante que tuvo la Iglesia hasta el actual Papa Francisco.

Continuando con la gira, la comitiva no fue a Londres porque no quería saber nada con los ingleses. Luego, pasó brevemente por Suiza e inició el regreso a través de Brasil y Montevideo. Y el 23 de agosto de 1947 llegó a la Argentina. “He recorrido los viejos países de Europa, algunos devastados por la guerra. Allí, en contacto directo con el pueblo, he aprendido una lección más en la vida. La lección de la mujer abnegada y de trabajo, que lucha junto al hombre por la recuperación y la paz. Mujeres que forjaron armas para sus hermanos”, señaló en su regreso.

Telam SE

La gira de Eva cumplió un rol destacado en los intentos de Perón de desengancharse de las políticas de subordinación a Inglaterra y luego a Estados Unidos, que caracterizaron a los gobiernos conservadores de aquella época.

Es interesante recordar que Evita era la Primera Dama de la Argentina y, durante la primera época, solía lucir vestidos ostentosos que provocaban las críticas de las señoras de la oligarquía.

Pero cuando volvió del viaje, al poco tiempo creó la Fundación Eva Perón en la que el padre Benítez fue un asesor importante. No sólo eso, sino que también impulsó la Ley 13010 de Sufragio Femenino, conocida como Ley Evita; y profundizó las ideas que tenía sobre la clase trabajadora como elemento sustancial y puente con el general Perón, un vínculo que se va a sentir en su real dimensión después de su deceso.

Después del viaje, cambió hasta sus costumbres. Y se convirtió en la Evita que vestía trajes sastre, en la Evita que usaba un rodete en el cabello y en la Evita que se parecía cada vez más a las trabajadoras. Dejó atrás aquello que había sido como una especie de venganza por su niñez desamparada, contra aquellas señoras de vestidos suntuosos confeccionados en Europa.

Es decir, hubo una profundización de Evita como una figura representativa del protagonismo obrero con respecto a un líder de un frente nacional, que tenía tanto el apoyo del Ejército como de los sectores populares.

Evita se convirtió en una figura muy importante de este movimiento nacional y popular, por lo que su reivindicación se mantuvo durante el tiempo y su figura sigue provocando la simpatía de todos aquellos que allí, entre los trabajadores, se levanta la columna sustancial del frente nacional.

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