Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos; la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial.
Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros; los imperios y sus caporales nativos.
Del mismo modo, y simétricamente, el bienestar de nuestras clases dominantes – dominantes hacia adentro, dominadas desde afuera – es la maldición de nuestras multitudes condenadas a una vida de bestias de carga.
Eduardo Galeano
Las venas abiertas de América Latina

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