Los medios masivos de comunicación hablan continuamente de opinión pública, la suma de las opiniones de individuos aislados que conforman a la moderna sociedad del consenso.                                                                          Autor: *Ariel T. Domínguez

Es claro que la fuerza de la llamada opinión pública reside en el número, en la suma de individualidades. Pero, para hablar de opinión pública es necesario contar con alguna forma de medición de la misma. Los sociólogos entienden que la manera más adecuada de hacerlo es a través de los sondeos, encuestas cualitativas especialmente diseñadas y su posterior interpretación. Muchas personas tienen acceso a las cuestiones que versan en las encuestas, no por experiencia directa, sino porque las perciben a través de los medios de comunicación. Son los medios los que acercan a la población la opinión “conveniente” para que las personas elaboren su “propia” opinión.
Vemos que la información que la pantalla de televisión o el diario transporta, ya ha sido víctima del acotamiento que el negocio de la atracción y el mercado exigen, consecuentemente, en la respuesta a las preguntas formuladas por la consultora o encuestadora, encontramos una visión de las cosas sucedidas que ya ha pasado, por lo menos, por dos etapas de reconstrucción, la del medio transmisor y la del particular.
Los medios de comunicación influyen en la creación del imaginario general, por lo tanto intervienen en la percepción social de las conductas caratuladas como delictivas. Hay una interacción entre la opinión pública y la opinión publicada, situación que se maximiza en las ciudades actuales donde todo es un torrente de comunicación continua y la televisión, especialmente, cumple un rol fundamental en la creación de estereotipos criminales, la imagen de delincuente que se construye en el imaginario.

*Ariel Tiburcio Domínguez – experto en Seguridad – Mat LS00198

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