Nada que justificar. Una chiquilinada se convierte en una grosera afrenta a nuestro símbolo patrio nacional. Pero, ¿es tan gravosa, extrema y criminal como la entrega sistemática de recursos naturales, tierras y soberanía a los poderosos del planeta?. ¿Destruir la industria nacional, desproteger la producción y favorecer a los especuladores financieros es acaso menos apátrida que unos jóvenes trasnochados a quienes se pretende linchar en la plaza del pueblo?.
(Reflexiones tras la viralización del video donde se advierte a una joven «robando» la bandera nacional del mástil municipal de Nueve de Julio, Misiones).
