Mientras los que ejercemos el periodismo seguimos debatiendo estatutos, procederes,  manuales y técnicas, la sociedad azorada no sale de su conmoción. Una seguidilla de hechos trágicos ha sacudido la modorra local y revitalizado el derecho ciudadano de manifestarse, exigir y pretender saber “de que se trata”.

Sería de extrema necedad relacionar una muerte tras ser apaleado por una manada de chacales a una causada por meningitis bacteriana; y peor aún que la madre de Lucas Rodríguez no antepusiera la irreparable pérdida a cuestiones que –con su lento andar, la justicia deberá resolver.

Así como aseguran que la única verdad es la realidad, el único hecho fuera de discusión es que Lucas está muerto, con sus 22 años y un millón de sueños a cuestas. Esa es una certeza, y no grata por cierto.

 

Si del error se aprende, Eldorado está aprendiendo. Porque se enervó ante el caso Lucas, y mantiene en vigilia la memoria por Elías Rosas, Pablo Galeano y Sergio López – tan jóvenes como Lucas, muertos atropellados y abandonados en la vía pública. Y recuerda a Maira Müller, quien salvó de milagro su vida y lucha junto a especialistas y su familia por recuperarse de las graves lesiones y la crueldad del olvido. Son ejemplos puntuales en los que pueden representarse –con las debidas diferencias, otros tantos hechos violentos y trágicos en diferentes barrios de la ciudad. El punto es que “algo” dispara el despertar, y habitualmente no es un acontecimiento feliz. Todo lo contrario. Podrá parecer insignificante, pero es una diminuta gota la que termina desbordando el vaso. Y considerar que ese derrame –hartazgo, nos ofrezca una gran oportunidad, es para capitalizarlo y re-aprender. Sacudir el polvo colorado de los valores tradicionales, ritos y usanzas –extraer de ellos su mejor perfil para refundar un nuevo orden que nos contenga, represente y proyecte. ¿Dejarlo todo en manos de nuestros representantes naturales?. Tal vez sea muy pretencioso y cómodo.

¿Porqué no intentarlo esta noche, o mañana mismo?.  Despertar y sentir ese deseo común de mejorarlo todo; de aliarnos con el prójimo para aligerar la carga; de entonar juntos esa melodía que nos eleve por encima de la voracidad, la indiferencia, las diferencias y el odio. De con-vivir, así como lo hicieron en la gesta fundacional los colonos escapados de la guerra y la hambruna europea. Que se amucharon junto a familias llegadas de la región y empujaron el carretón en la arribada patinosa de los comienzos.

Cerrar etapas es saludable, pero más aún lo es el desafío del nuevo comienzo. ¿Nos animamos por una nueva Eldorado?

Pedro Krulewesky

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