El estreno en el teatro del Pueblo de Eldorado de “Nada del amor me produce envidia”, de Santiago Loza, muestra la plenitud actoral de Liliana Rizzo en la piel y alma de Justina, la modista de barrio que ve sacudida la tranquilidad de su taller por la aparición de dos íconos femeninos antagonistas de los años 50. La actriz Libertad Lamarque y la ascendente Eva Duarte, ambas buscando el diseño de un vestido que prestigiara sus resplandores.

Dirigida por Williams Sery, Rizzo recorre con armoniosa cadencia postales de una época con aires ensoñadores, mientras revela las confesiones de una modista que encuentra la felicidad a través de sus clientas y sus creaciones. Envuelta en un clima sepia, pero de vivaz colorido, Rizzo contornea entre los límites de la fantasía y la certeza de un texto que expone las grietas de la sociedad argentina a comienzos de la década del 50. Pero lo hace magistralmente, distanciándose del conflicto con una mirada profunda y también crítica hacia la hipocresía de la sociedad de entonces.

Con una puesta minimalista, y un vestuario convincente, el unipersonal de Liliana Rizzo impone –entre emociones y nostalgias- la apertura hacia un plano atemporal que desafía a los espectadores. El canturreo de los tangos quita ejes de gravedad y extiende su cálido abrazo poético para provocarnos acompañarlas –a Rizzo y Justina, en ese viaje y sin cerrar los ojos. Explícita y firme. Generoso derroche para disfrutarlo.

Por Pedro Krulewesky

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